Los pequeños
cambios son poderosos, y sobre ellos inciden todas las entidades implicadas en
la salud infantil desde hace varios años. La siguiente lista detalla los más
relevantes. Se han adaptado a partir deconsideraciones de
los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades.
- Servir
raciones adecuadas para la edad del niño. Un estudio reciente ha observado que el tamaño de la
vajilla influye, como en el adulto, en el volumen de
comida ingerido por el menor.
- Tener
en el hogar una variedad de hortalizas, frutas y cereales integrales (pan
integral, pasta integral, arroz integral, etc).
- Escoger
leche y productos lácteos bajos en grasa o desnatados.
- Limitar
el consumo de carnes rojas o de derivados cárnicos.
- Promover
el consumo de legumbres y frutos secos.
- Retirar
de la vista del niño las tentaciones ricas en calorías (lo mejor es no
tenerlas en el hogar).
- Fomentar
la actividad física, sin olvidar que los niños imitan a los adultos: si
los padres hacen deporte, los hijos también lo harán. Para prevenir la
obesidad, el mínimo de tiempo diario que deberían dedicar los niños a
realizar actividades de intensidad de moderada a vigorosa asciende a 60 minutos. Una revisión
acaba de comprobar que el sedentarismo en la
adolescencia es la norma.
- La
bebida de elección para calmar la sed debe ser el agua. El consumo habitual
de zumos estádesaconsejado.
- Se
debe limitar el consumo de azúcar, bollería y, sobre todo, bebidas
azucaradas ("refrescos"). Diversos expertos consideran que se debería enviar
"mensajes claros" a la población sobre los efectos negativos de
dichas bebidas.
- Restringir
a no más de 2 horas diarias el tiempo que los niños dedican a ver
televisión, jugar a videojuegos o a navegar por Internet (los menores de 2
años de edad no deberían ver la televisión). Un
estudio aparecido en abril de 2013 en BMJ Open señala que los hijos de padres que
ven mucha televisión suelen repetir su (mal) ejemplo.
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