Investigaciones anteriores habían demostrado que el
ejercicio puede interrumpir las ansias que genera la nicotina, tanto en hombres
como en mujeres, pero es "la primera vez que se consiguen replicar estos
resultados en embarazadas fumadoras", ha apuntado Harry Prapavessis,
director del Laboratorio de Psicología del Ejercicio y la Salud que ha liderado
la investigación.
Para el estudio reclutaron a 30 mujeres de Canadá e
Inglaterra en su segundo trimestre de embarazo, que no solían hacer ejercicio y
además fumaban más de cinco cigarrillos al día.
Las futuras mamás fueron separadas en dos grupos y, mientras
unas se dedicaron a caminar durante 20 minutos en máquinas con cintas para
correr, como las que hay en los gimnasios, las otras visualizaron un video de
jardinería doméstica. En ambos casos, el último cigarrillo se lo habían fumado
entre 15 y 19 horas antes.
De este modo, las embarazadas que estuvieron caminando
redujeron un 30 por ciento de media sus ganas de fumar, según una escala de siete
puntos. No obstante, la necesidad de fumar fue apareciendo con el tiempo y, tan
sólo media hora más tarde, esa reducción de las ganas de fumar era ya de un 17
por ciento.
Además, estas mujeres también notificaron menos
irritabilidad, inquietud y tensión, síntomas típicos de la abstinencia
tabáquica.
Los autores reconocen que el número tan bajo de
participantes podría hacer que los resultados se hubieran producido por
casualidad. De hecho, Prapavessis apunta que los resultados son sólo
extrapolables a las mujeres de unos 25 años de edad, ya que fue la media del
estudio.
"Me gustaría pensar que podemos repetir los resultados
con más embarazadas fumadoras", ha admitido este experto, que sin embargo
asegura que la participación de estas mujeres suele ser extremadamente difícil.

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